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Guerreros invencibles dan su testimonio de vida

13  Mayo  2015

Recibir la noticia de que un hijo fue diagnosticado con cáncer es algo con lo que ningún padre quisiera lidiar. Lamentablemente, esto sucede todos los días. Sin embargo, en  muchos casos ofrece grandes posibilidades de curación y de llevar una vida normal. Testimonio de ello son Bryan, Karla y Vania, quienes gracias a los cuidados del doctor Francisco Rivera Ortegón y su equipo médico, así como el apoyo de las familias de los pequeños, hoy tienen el tiempo de vivir una infancia y juventud como cualquier persona de su edad.

"La alegría también cura"

Bryan de Jesús Luna Esquivel tenía casi cuatro años cuando fue diagnosticado. "Fue un golpe muy duro como familia, porque cambió completamente nuestras vidas. Parecía una sentencia de algo inevitable, y gracias a Dios y con mucha fe, enfrentamos esto por cuatro años", comenta Juan Francisco Luna, papá de Bryan. Este pequeño recibió múltiples tratamientos, quimioterapias y un par de operaciones. "Pero nuestro hijo nos guio como padres para seguir en esa lucha. El milagro de que Bryan esté hoy con nosotros es algo que valoramos día a día".

¿Qué les pueden decir a los papás que están atravesando por una situación similar? Benita Esquivel, mamá de Bryan, nos comenta: "ante todo, tengan fe en que sus hijos van a salir victoriosos. Confiar en Dios y en el médico, aunque la situación parezca de lo más adverso". Hoy Bryan tiene ya 10 años: "voy en quinto grado, soy Tigre, apasionado del futbol y me gusta mucho jugar con mi papá.  Le agradezco a Dios cada día por esta oportunidad de vida y por estar con mis papás disfrutando. A los niños que tienen esta enfermedad les digo que tengan  mucha fe, que nunca se rindan, que estén confiados con el doctor y como dijo mi mamá, principalmente con Dios".

Juan Francisco, papá de Bryan, nos deja un importante mensaje: "enfrenten todo en familia. Transmitan mucha unidad y alegría al niño, aún y cuando las cosas no parezcan ir bien, porque la alegría también cura".

"Fue un milagro"

Cuando tenía tres años y medio le detectaron algunos abultamientos en el abdomen. Después de realizar ciertos estudios, el pediatra remitió a la familia de Karla con el doctor Rivera Ortegón. De inmediato comenzó con quimioterapia, y tiempo después, por medio de una cirugía se pensaba extraer un riñón y la mitad del otro. Sin embargo, al llegar el momento del procedimiento, los médicos se sorprendieron al notar que sólo sería necesario extirpar el 33 por ciento de un riñón y un 10 por ciento del otro. "Fue un milagro", nos dice el papá de Karla. "Cuando iba a vivir con medio riñón el doctor nos había advertido que su vida sería un poco diferente.

"Al cumplirse el año, el doctor decidió suspender la quimioterapia y empezar revisiones mensuales, luego bimestrales, trimestrales, semestrales y, finalmente, anuales. Actualmente tiene aproximadamente 10 años de vigilancia".

Aunque Karla estaba muy pequeña en el momento de haberla diagnosticado, nos comenta: "nunca tuve la sensación de que algo malo me iba a pasar, ni haber pensado por qué estaba en el hospital. No recuerdo a mis papás con sentimiento de que ya no fuera a estar yo aquí".

Karla ya es mayor de edad. Actualmente estudia una licenciatura en ciencias del lenguaje con especialización en enseñanza del inglés y trabaja como maestra de este idioma, así como de computación en un colegio. "Yo quería ser como el doctor Rivera y también estudié técnico radiólogo, hice mis prácticas profesionales en el Hospital Universitario en el departamento de Oncología, aunque después la vida me llevó a estudiar otra cosa. Llevo cinco años con mi novio que conocí en la prepa".

Los papás de Karla siempre le han procurado una vida normal. Algunas restricciones en ciertos momentos, pero fuera de eso "yo corría, saltaba, hacía travesuras, incluso en el hospital". Los papás de Karla recuerdan una anécdota: "una vez coincidió que su mamá y ella llegaron de la quimioterapia y nos encontramos al llegar a casa. Me vio, me agarró de la mano, y me llevó corriendo a la tienda, porque su mamá le había prometido un jugo. Nos dijimos a nosotros mismos ¿cómo ves? ¡Y eso que le acaban de poner la quimioterapia!".

Karla recomienda a los papás que pasan por una situación similar que estén muy al pendiente de sus hijos, pero sin limitarlos. "Traten en la medida de lo posible de hacer una vida normal. Yo nunca vi una cara triste. Hay que darle una sensación a la familia, al paciente, de que todo se puede". Su papá aconseja no quedarse con ninguna pregunta para con los doctores. Finalmente, el papá de Karla nos dice: "en cuanto al doctor Rivera, si Dios me mandara otra prueba con otro de mis hijos, yo sin pensarlo los pondría en sus manos".

"Luchar siempre por la vida"

A los dos años, la mayoría de los papás están disfrutando de las primeras palabras de sus hijos. Sin embargo, en la familia Bonilla Hernández fue el momento de enfrentarse a una experiencia totalmente inesperada. "A ella se le detectó este padecimiento. Fue un golpe muy duro. Tenía el tumor pegado a los pulmones. Posteriormente nos contactamos con el doctor Rivera, quien de inmediato junto con el doctor Roberto Reyes nos explicó abiertamente lo que tenía la niña y lo que se tenía que hacer". Después vino un año con quimioterapias y una cirugía afortunadamente exitosa. "Al ser yo parte del personal del hospital, sentía una enorme confianza en los médicos y en todo el personal a cargo de Vania. Además, las oraciones de todo mundo fueron una gran ayuda. Ella es un milagro de Dios, aunado a la experiencia de los médicos".

Vania tiene ya siete años en remisión. Es una niña normal y vive su vida plenamente, "quiero verla casada, con sus hijos", nos dice su papá. A los papás que tienen que vivir esta difícil experiencia, Hugo Bonilla les recomienda: "siempre tengan mucha fe, transmítanlo a su pequeño, ellos lo sienten. Conserven una mente positiva, sean papás fuertes, siempre positivos con sus hijos".

¿Y Vania qué nos dice? "estoy en cuarto año de primaria y tengo 10 años. Me gustan mucho los animales. Quiero decirles a los niños que sí se puede, que sí van a poder hacer lo que ellos quieran, lo que deseen". María Cristina Hernández, mamá de Vania, nos deja las siguientes palabras: "Pasé tiempos muy difíciles, me pasaba todo el día con ella cuidándola mucho de que no se enfermara. Quiero dar las gracias al doctor Rivera, porque él me dio mucha fortaleza en este proceso que es muy difícil".

Sin duda, ésta debe ser una de las experiencias más difíciles por las que una familia puede atravesar. Pero como podemos leer en los testimonios de Bryan, Karla y Vania, lo importante es jamás perder la esperanza, y luchar siempre por la vida. 

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