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La soledad en el envejecimiento. ¿Un problema social o de salud?

25  Agosto  2015

Pensar en cómo estaremos de salud y económicamente al llegar a la tercera edad es algo que puede estar rondando en nuestra cabeza mientras más adultos nos hacemos, pero es aún más inquietante hacernos la pregunta ¿con quién pasaré mi vejez?

La vejez conlleva una serie de situaciones conflictivas: la jubilación, la pérdida de seres queridos, la partida de los hijos y con frecuencia las enfermedades crónicas y lo que es peor, un conjunto de polipatologías, en ocasiones discapacidad, dependencia y, desde luego, mayor proximidad a la muerte. Se piensa que todos esos eventos producirán en los adultos mayores reacciones afectivas negativas como depresión, soledad, malestar, sin embargo tampoco puede mantenerse el estereotipo de que todas las personas mayores se sienten solas o que están abandonadas.

Las personas mayores no expresan una menor felicidad, bienestar o satisfacción con la vida cuando se las compara con las más jóvenes. Muy al contrario, las investigaciones existentes (tanto en el Estudio Mundial de Valores como en Europa o en Estados Unidos) ponen de manifiesto que no existe influencia de la edad en la expresión verbal de la experiencia de la felicidad.

La conclusión de la mayor parte de autores que investigan el mundo afectivo de los mayores es que en la vejez existe una mayor complejidad y riqueza emocional. En otras palabras, en esta etapa se incrementa el manejo adecuado de los afectos, por tanto, existe una mayor "madurez" afectiva.

Por lo que la doctora Sirelda Návar explica: "la soledad en el envejecimiento tiene varios enfoques, aunque no siempre termina en un problema social, si es lo más común. La población cada vez tiene una esperanza de vida mayor y también tienen menos hijos, por lo que la tasa de natalidad disminuye. Con el paso del tiempo cuando los hijos deciden hacer su vida, hay un mayor riesgo de que se distancien ya sea porque éstos se van a estudiar o trabajar fuera de su cuidad de origen o se casan y forman su familia, y los padres empiezan a experimentar una soledad en la etapa de la vejez, esto aunado a la jubilación, se reduce el círculo social de los adultos".

Llevar una vida muy acelerada no brinda la oportunidad de realizar demasiadas actividades sociales, porque el mayor tiempo lo destinamos al trabajo.

"No todo es trabajar. Debemos hacer una alerta y preguntarnos qué estamos haciendo hoy para envejecer, en la salud, en el aspecto emocional y familiar, en nuestro trabajo, porque la vida pasa y descuidamos a la familia o ya no frecuentamos a nuestras amistades como hubiésemos querido, por lo que siempre es importante establecer un hábito de relaciones sociales", indica la especialista en geriatría.

Pero pensar en la soledad no sólo se da exactamente en la tercera edad, sino que pueden ir apareciendo algunos indicios antes de los 60 años.  

"La soledad puede presentarse a cualquier edad y hay que estar alerta  para descartar que no esté asociada a una enfermedad como la depresión o deterioro cognitivo", advierte la doctora Návar.

No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Estar solo no siempre significa un problema si se tienen en control las cuestiones de seguridad.

Sentirse solo, puede ocurrir incluso estando en compañía, ya que la soledad es una experiencia subjetiva que se produce cuando nuestras relaciones no son como esperaríamos que fueran o en casos de enfermedad.

La soledad puede ser vista desde disferentes puntos de vista, ya sea positiva o negativa.

Desde el mejor punto de vista, la vejez es una etapa que se debe vivir en plenitud como cualquier otra, por lo que se recomienda seguir realizando reuniones con la familia, frecuentar a las amistades, realizar ejercicio, el desarrollo de actividades domésticas, ver un poco de televisión, escuchar la radio, frecuentar las prácticas religiosas, la comunicación telefónica, la participación en actividades culturales y actividades de gusto personal.

Existen también oportunidades comunes de convivio como los centros destinados especialmente para mayores (club o centros de día), club de jubilados o instituciones centradas en el voluntariado, que permiten la interacción, diversión y aprendizaje entre adultos mayores.

Los adultos mayores deben tener un protagonismo importante en el seno de la familia y de la sociedad, y buscar estrategias para no dejar que se sientan solos o se encuentren abandonados.

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