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Tratamiento oportuno cambia calidad de vida de adolescente

11  Febrero  2016

Valeria Flores Simental, una adolescente de 12 años que gusta de la lectura, cantar y aprender diferentes idiomas, hoy puede caminar gracias a una operación que se le realizó cuando era bebé debido a que nació con una malformación congénita llamada luxación de cadera.

"Durante el nacimiento y en el transcurso del primer año no se presentaron problemas. La niña creció y se desarrolló sin ninguna sintomatología", mencionó Julieta Simental Torres, madre de la menor.

Fue hasta que cumplió un año de edad cuando notaron que Valeria tenía un problema debido a que caminaba mal, y como era su primera hija pensaron que era normal. Como el problema seguía  decidieron llevarla a consulta, donde le midieron las piernas y determinaron que la pierna izquierda no era del mismo tamaño que la derecha.

Intervención acertada resuelve problema genético

"La piernita del lado izquierdo traía zafado (luxado) el fémur, no se le había formado una conchita para que encaje el fémur en la cadera y las piernas estuvieran parejas, por lo que decidimos asistir a consulta con el doctor José Fernando de la Garza, especialista en Traumatología y Ortopedia del Hospital San José, quien dio el diagnóstico de luxación congénita", agregó la señora Simental.

El doctor De la Garza aconsejó a los padres someter a Valeria a un procedimiento quirúrgico; éste se realizó por pasos, primero le realizaron una incisión para liberar el tendón del lado izquierdo, y una semana después, se llevó a cabo la operación donde le acomodaron el fémur (cabeza femoral) en su lugar y le pusieron un aparato de fibra de vidrio desde la pierna izquierda y mitad de la derecha hasta la cadera.

"La operación duró más de tres horas y el procedimiento sirvió para que Valeria se mantuviera en una sola posición y la cadera estuviera en el lugar correcto que se le formó con la operación. Así duró aproximadamente tres meses" mencionó la madre de la menor.

Después de ser dada de alta, Valeria asistía cada semana a consulta, y al cumplir los cuatro meses de la intervención, le retiraron la fibra de vidrio y los dos clavos que el doctor había puesto en la cadera para mantener un injerto que formaría el espacio que durante su formación no se desarrolló. Posteriormente acudía a revisión cada 15 días y después una vez al año.

"Comenzamos con la rehabilitación tres veces a la semana por ocho meses, el médico nos sugirió que metiéramos a la niña a clases de natación para que ejercitara todo su cuerpo. Conforme pasaba el tiempo y asistíamos a consulta, el doctor nos mencionó que el proceso iba muy bien", comentó la madre de Valeria.

Goza de una buena calidad de vida

A la fecha la joven se encuentra en perfectas condiciones gracias al diagnóstico e intervención del doctor De la Garza y el equipo médico del Hospital San José. La operación no ha limitado en nada a Valeria ya que realiza actividades como cualquier adolescente de su edad, por ejemplo hacer ejercicio.

"Tengo 12 años y acabo de pasar a primero de secundaria. Mi vida ha sido normal, camino bien, no me duele nada. Realmente es como si nada me hubiera pasado, no me doy cuenta porque la cicatriz es muy pequeña y estética", mencionó Valeria.

Valeria y su familia se encuentran satisfechos por los resultados obtenidos, ya que ha podido disfrutar de una excelente calidad de vida.

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