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Un corazón con ganas de vivir

11  Febrero  2015

Realizar un trasplante de órgano podría considerarse una "hazaña" médica, pero aún más si se trata de un trasplante de corazón. Y esta proeza la vivió Martha Elva González, paciente que fue sometida a este procedimiento en el Hospital San José.

Martha, primera paciente del sexo femenino a quien se le realizó un trasplante de corazón, cuenta cómo fueron aquellos momentos en los que luchaba por su vida.

"Mientras estaba de visita en un hospital, sentí un fuerte dolor en el pecho, pero no dije nada. Al día siguiente, cuando estaba en mi casa sufrí un infarto y fui trasladada al Hospital San José. Ahí llegaron siete infartos más, y mientras me intervenían para practicarme un bypass, los médicos resolvieron que el trasplante era la única opción", relata la señora González.

El doctor Eduardo Herrera, médico cardiólogo, y el doctor Óscar Ortega, cirujano cardiovascular, presidieron la intervención con un equipo de especialistas.

Ya en la intervención, los doctores se sorprendieron de la adaptación del nuevo corazón, ya que lo habitual en un trasplante de este tipo, el órgano que ingresa a su nueva cavidad torácica normalmente es impulsado por electroshock para que comience a latir. Pero en el caso de Martha, el corazón funcionó en automático.

Sin imaginarse todo lo que había ocurrido, Martha despertó un mes después de la intervención y volvió a su casa. Con todas las precauciones que ameritaba, por el impacto que podía representar recibir la noticia de su trasplante de corazón, el doctor Herrera, quien apenas la había conocido a su llegada, en terapia intensiva, fue el encargado de comunicárselo días antes de darla de alta.

"Yo muy tranquila le dije '¿Pero voy a vivir, doctor? Ah, bueno, entonces está bien lo que hizo'", recuerda Martha.

"De aquí soy"

En el aquel tiempo, Martha tenía 44 años, era administradora y representante legal de una empresa, además, madre de cuatro hijos y joven abuela. Pero no sólo eso, ella se daba tiempo para cuidar su salud al llevar una buena alimentación, correr 10 kilómetros diarios y podía hacer hasta 300 abdominales.

Sin lugar a duda esto que viví fue un milagro y pienso que: "era un corazón con ganas de vivir. Y dijo: 'de aquí soy'".

"Agradezco a mis hijos porque ellos sufrieron tanto pero a la vez sabían de mi fortaleza, al hospital y los médicos que fueron parte de esto", expresa con agradecimiento.

Martha se recuperó poco a poco y hoy vive con plenitud sus 57 años.

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